Posiblemente no sea la única persona en este mundo que le pase. Te vas dejando llevar poco a poco, al principio parece una casualidad, todo es emocionante y excitante, sigues hacía delante y no te planteas cambiar las cosas. Total, ¿para qué?. Las cosas tal y como van, están bien.
Te has alejado solo un poquito
Estaba en la orilla de la playa. Se está bien cuando mojas la puntita de los pies en el agua fresquita. A medida que sube el calor, también avazan los pasos hacía el mar. Sigues introduciendo los pies en el mar, el agua ya llega al empeine. Estoy en ese punto en el que sé que si sigo adentrandome más sentiré el agua fría y su impresión.
No es desagradable la sensación del frío en el cuerpo cuando se tienen demasiadas cosas en la cabeza.
Abanzo lentamente, las olas que rompen en mis rodillas dan el aviso de ir subiendo, salpicando, escalando sobre mi cuerpo para acostumbrarme al futuro frío que me espera. Una pizca de brisa suave y silencio. Cuando estás a mitad de camino te planteas, ¿sigo o me salgo?. Si te lo piensas mas de un minuto, no lo haces, acabaras retrocediendo.
Haciendo las cosas lentamente es más fácil mentalizarse de las posibles consecuencias que se avecinan. Pero en un solo instante tienes que decidir si el camino que te ha llevado a tener la mitad del cuerpo sumergido en el agua es el camino adecuado...
Callosa de Segura: fuegos artificiales
Hace 2 años
1 comentarios:
mmm gran alegoria para las decisiones importantes... sobre todo para las relaciones de pareja... si piensas demasiado las cosas, quizas no sigas avanzando... ^^ me ha gustado
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